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El yo, la historia, la verdad

“Donde hay perfección, ya no hay historia que contar.” ("Where there is perfection, there is no story to tell.")

Cuando escribí esas palabras hace casi dos décadas, no sabía que "No Story" es la verdad.

Tendemos a pensar en la perfección como la historia perfecta: cuerpo perfecto, trabajo perfecto, casa perfecta, vida perfecta. Y cuando algo es perfecto, ¿qué más se puede decir al respecto?

Tolstoi escribió, en Anna Karenina, “Todas las familias felices son iguales; cada familia infeliz lo es a su manera.” Es poco común contar la historia de una familia feliz o de la persona perfecta: ¿qué hay, realmente, que contar? Pero la familia infeliz, la persona imperfecta -–ah, aquí hay una historia interesante. Incluso la película Barbie del año pasado comienza con un par de minutos de perfección empalagosa y, justo cuando se vuelve insoportablemente aburrida, aparece la angustia. Algo inquieta la perfección.

La historia, la médula, está en el desafío, la diferencia, la imperfección. Pues, si queremos una buena historia, no debemos tenerle miedo al desorden ni a los errores; eso es lo que constituye una buena historia, y las buenas historias son importantes: nos ayudan a encontrarle sentido a la vida; las historias nos ayudan a tejer coherencia entre aspectos de nuestra narrativa personal que a veces no pareces estar relacionados; nos ayudan a relacionarnos unos con otros a través de un espacio semántico compartido. Y cuando escribí aquellas palabras iniciales, estaba señalando esto: la importancia de la historia, no de la perfección; la importancia del proceso, no del producto; el cliché del viaje, no del destino.

(El cliché existe por una razón. Hay diferentes maneras de expresarlo, y puede o no ser atribuible a Ralph Waldo Emerson, pero la idea se ha hecho tan popular que sí, es un cliché.)

La razón por la que menciono todo esto es que tal vez ahora estoy entendiendo, de una manera más profunda que antes, que de hecho, la historia no es la parte interesante en absoluto.

Nuestras historias son narrativas tejidas en torno a nuestro sentido personal de identidad, historia y éxito. Entonces, cuando alguien pregunta quiénes somos, pensamos en nuestra noción de “nosotros mismos” y contamos parte de esa historia. Por ejemplo, cuando piensas en ti mismo/a, ¿en qué piensas? Quizás algunos primeros elementos de identificación como tu nombre, edad, sexo y trabajo, o roles sociales como amigo, hija, esposo, vecina. Tal vez pienses en tus pasatiempos e intereses, tus experiencias infantiles y en las cosas que esperas y planeas para el futuro. ¿Consideras también tus pensamientos profundos y tus sueños?

Todos estos son contenidos de tu vida; dan color, matices y riqueza a la experiencia que llamamos vida. Y todos estos elementos son importantes para ese propósito. Pero ¿qué pasa si lo que normalmente consideramos “el yo” no es nada por el estilo?

Cuando piensas en ti mismo/a... pues, ¿qué es realmente el yo?

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